KJELL ASKILDSEN - En el Café



 
Una de las últimas veces que estuve en un café fue un domingo de verano, lo recuerdo bien, porque casi todo el mundo iba en mangas de camisa y sin corbata, y pensé: tal vez no sea domingo, como yo creía, y el hecho de que pensara exactamente eso hace que me acuerde.  Me senté en una mesa en medio del local, a mi alrededor había mucha gente tomando canapés y bollos, pero casi todas las mesas estaban ocupadas por una sola persona.  Daba una gran impresión de soledad, y como llevaba mucho tiempo sin hablar con nadie, no me hubiera importado intercambiar unas cuantas palabras con alguien.  Estuve meditando un buen rato sobre cómo hacerlo, pero cuanto más estudiaba las caras a mi alrededor, más difícil me parecía, era como si nadie tuviera mirada, desde luego el mundo se ha vuelto muy deprimente.  Pero ya había tenido la idea de que sería agradable que alguien me dirigiera un par de palabras, de modo que seguí pensando, pues es lo único que sirve.  Al cabo de un rato supe lo que haría.  Dejé caer mi cartera al suelo fingiendo que no me daba cuenta.  Quedó tirada junto a mi silla, completamente visible a la gente que estaba sentada cerca, y vi que muchos la miraban de reojo.  Yo había pensado que tal vez una o dos personas se levantarían a recogerla y me la darían, pues soy un anciano, o al menos me gritarían, por ejemplo:  «Se le ha caído la cartera».  Si uno dejara de albergar esperanzas, se ahorraría un montón de decepciones.  Estuve unos cuantos minutos mirando de reojo y esperando, y al final hice como si de repente me hubiera dado cuenta de que se me había caído.   No me atreví a esperar más, pues me entró miedo de que alguno de aquellos mirones se abalanzara de pronto sobre la cartera y desapareciera con ella.  Nadie podía estar completamente seguro de que no contuviera un montón de dinero, pues a veces los viejos no son pobres, incluso puede que sean ricos, así es el mundo, el que roba en la juventud o en los mejores años de su vida tendrá su recompensa en su vejez.

Así se ha vuelto la gente en los cafés, eso sí que lo aprendí, se aprende mientras se vive, aunque no sé de qué sirve, así, justo antes de morir.

KJELL ASKILDSEN (1983)

De Cuentos Reunidos
Traducción de Kirsti Baggethum y Asunción Lorenzo
Edición y prólogo de Fogwill
Ediciones Fuera de Serie /Lengua de Trapo - 2010



Kjell Askildsen
Noruega (1929)
 
Kjell Askildsen, uno de los grandes maestros actuales del relato corto es un artista del narrar.  Su estilo indeleble lo cuenta todo... de la mejor manera, con personajes sin rostro ni más rasgos físicos que el detalle indispensable, señala Winston Manrique (de Babelia) en la contratapa de Cuentos Reunidos, la colección que publicó Lengua de Trapo y que prologó y editó el escritor Fogwill (Argentina) en 2010 .  Su primer libro fue aclamado por la crítica y, al tiempo, prohibido por "inmoral" en la biblioteca pública de su ciudad natal.  Entre sus libros más conocidos están  Un vasto y desierto paisaje, Ultimas notas de Thomas F. para la humanidad, ambas obras galardonadas con el Premio de la Crítica en Noruega en 2002 y 2003) respectivamente.

En 2006 publicó Los Perros de Tesalónica y en 2008, Desde ahora te acompaño a casa.

Comentarios

  1. Es un relato corto, pero muy descriptivo de lo que pasa realmente día a día. Aunque yo sigo creyendo en la capacidad de reacción de la gente.

    Hace unos días mi hijo y yo estábamos en un centro comercial para comprar unas cosas. De camino a la entrada a una señora se le cayeron una monedas al suelo. Mi hijo salió corriendo para ayudarla a recogerlas. Me sobrecogí, puesto que no le dije nada, salió de él mismo.

    Creo que el ser humano es sociable y amable por naturaleza, pero la "miseria" que nos rodea hace que nos aislemos.

    Me encantó la entrada. Saludos.

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    Respuestas
    1. Concuerdo plenamente contigo, Paloma. Sólo podremos ameliorar esa situación con una cuidadosa educación.
      Me alegra te haya gustado. Este escritor está entre mis más favoritos. Un abrazo, Violeta

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