ENRIQUE ANDERSON IMBERT - EL SOFÁ


El gerente del Astoria Hotel encargó al ebanista Sergio un sofá especial: tenía que caber exactamente en el hueco de cierta pared.
                Fue al hotel para tomar las medidas y se enteró de que el sofá decoraría la habitación reservada para una pareja ejemplar.

                Seré curioso: ¿quiénes son?

                Dos artistas de los nuestros, que han triunfado en Norteamérica le informó el gerente.  Vienen el viernes 27 para el festival de cine.  Bobby Weston y Linda Croce.

                Sergio se puso pálido.  Cinco años atrás Linda, su antigua mujer, se había escapado con Bobby, un amigo de los tiempos del colegio.  Cuando quiso alcanzarlos se interpuso el taller: tuvo que quedarse en Buenos Aires, atendiendo su oficio manual, mientras ellos, los románticos, huían a Hollywood.  Ahora volvían famosos, en una visita fugaz como un relámpago de oro.  ¡Y él, burlado y fracasado, debía adornarles el nido!

                Aceptó su fiero destino.

                Le dieron la llave y lo dejaron solo.  Subió a la lujosa cámara y tomó las medidas.  Cosa de minutos, pero se demoró meditando.  Premeditando, más bien.  Imprimió sobre un trozo de masilla el perfil de la llave, se familiarizó con las entradas y salidas del hotel y se retiró con un plan perfecto para asesinar a los traidores.

                Al construir el sofá dejó, debajo del asiento, una cavidad donde  él pudiera acomodarse.  A fin de que los cargadores, en el momento de transportar el mueble con él adentro, no reparasen en el exceso de peso, seleccionó maderas y metales livianos para el armazón y gomapluma para los rellenos.  A un costado disimuló una mirilla.  Se tocaba un resorte, se abría un escotillón y él se deslizaba fuera del sofá.  Lo demás sería fácil.  Esperaría a que estuvieran dormidos, asestaría una puñalada en cada corazón y, con la llave que se había mandado hacer, tranquilamente se marcharía.

                El jueves 26 llamó al aprendiz y le dijo:

                Esta tarde vendrán los changadores a llevarse el sofá.  Yo no estaré, así que usted se va en el camión con ellos y coloca el sofá donde ya sabe.  Ahora váyase a comer.

                A la tarde se llevaron el sofá, con Sergio adentro, y lo encajaron en el huevo de la pared.

                Por la noche, a través de la mirilla, Sergio vio entrar a Linda y a Bobby, radiantes de felicidad.  Al oírlos en la cama comprendió que nunca antes había padecido, que sólo en ese momento empezaba a padecer.  Aguardó hasta que cayeron dormidos.  ¡Ahora, por fin, la venganza!  Tocó el resorte pero ¡maldición! No funcionó.  ¡Cómo podía ser, si innumerables  veces lo había probado, siempre con éxito!

                Inútil, inútil.  Se sintió atrapado en el sofá como un cataléptico que despierta en un ataúd.  Oscuridad, silencio, quietud…   Al rato movió un brazo.  El espacio le pareció más holgado.  Después advirtió que podía recoger las rodillas, cambiar de posición.  Cada vez se veía más.  El acero del puñal clareaba a lo lejos como un horizonte en el alba.  Ahora descubrió la arquitectura interior del sillón.  Se arrastró boca abajo.  El espacio seguía expandiéndose.  Viajó por grutas, puentes, castillos.  Conoció la ciudad de los elásticos y por una arandela de aluminio desembocó en un campo de forros y entretelas.  De pronto se encendió la luz.  Por una rendija vio que Linda, descalza, iba al baño.  Sergio se dejó caer por la rendija y con toda la velocidad que sus patitas le permitían corrió sobre la alfombra.  Linda lanzó un grito de asco:   ¡Una cucaracha!

                Bobby se estiró desde la cama y de un zapatazo lo aplastó.

 Enrique Anderson Imbert
En Cuentos III Obras completas,
Editorial Corregidor


              

Enrique Anderson Imbert nació en Córdoba en 1910.  En su adolescencia residió en La Plata y en Buenos Aires.  Colaboró en la revista literaria de La Nación, Claridad, Nosotros, Sur,  y dirigió la página literaria de La Vanguardia (1931/9).  Ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras.  Se graduó de profesor y obtuvo el doctorado en 1945.  Entre sus ensayos se destacan Historia de la literatura hispanoamericana, ¿Qué es la prosa?, La originalidad de Rubén Darío, La crítica literaria y sus métodos, Teoría y técnica del cuento.   Sus libros de ficción comprenden, entre otros, Vigilia, El grimorio, El mentir de las estrellas, En el telar del tiempo, El gato de Cheshire, Victoria y El tamaño de las brujas.  Falleció en Buenos Aires en 2000.

Comentarios

  1. cual seria la comclusion del cuento ? no logro entender el final .... la ex esposa lo confundio con una cucaracha?

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  2. Se transforma en una cucaracha porque así es como se siente. Y termina aplastado nuevamente por su 'mejor amigo'. La transformacion es real, por eso no le funciona el mecanismo.

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  3. Asuntos internos sabia que la policia le tendia una trampa??

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  4. El texto el sofá pertenece al genero narrativo

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  5. Que tipo de narrador se encuentra en el texto,mencione dos ejemplos donde aparece el narrador encontrado

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  6. Cuál es la complicación mayor de la narración y como se resuelve. El Sofá de anderson imbert

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